miércoles 25 de febrero de 2009

después · 3

los hombres que sí lloran

Alguna vez escuché a una madre hablar del llanto de su hijo, un hombre de veintiocho años abandonado por la esposa luego del primer año de casados. La madre relata el llanto de un hombre de un metro ochenta, corpulento, racional, acurrucado y en posición fetal, un hombre hecho y derecho, reducido a la más básica de las derrotas, cien kilos de hombría desorientados en la cama de su madre. La mujer siente dolor por su hijo, es indiscutible, pero su énfasis se dirige no hacia la expresión de su pena (no está contando que está triste por su hijo), sino hacia la patética situación de un gigante caído: su hijo es un hombre grande, y para los hombres grandes las derrotas son demasiado dolorosas. Aún más, para los hombres como su hijo el amor es una circunstancia que ha pasado, un sentimiento desencajado que ha sido reemplazado por anhelos más relevantes y trascendentes. Sin embargo, sin ninguna explicación que la satisfaga, todo el andamiaje de la existencia profesional y social exitosa de ese hombre se desmorona porque su mujer lo deja y sus metas alcanzadas caen sobre él como las piedras en un derrumbe de ladera. El hombre llora y la madre no lo puede creer, a la madre le parece que es su mismo hijo pero a la edad de doce años.

La esposa ha reducido al hijo de la señora a un pobre chico de doce años. Los hombres grandes no lloran.

Nunca.

Y menos por una mujer.

Hace algunos días, mientras miraba el techo acostado en mi cama y con la perra durmiendo bajo el brazo, recordé algunos nombres de mujeres por las que lloré. Para mi sorpresa son más de las que creí. Recordé algunos momentos en particular en los que lloré por cada una de ellas y pude comprender mi manía de escribir sobre mujeres y porqué, a la edad de diez años, muchas de las veces que rezaba (entonces rezaba mucho), lo hacía para pedirle a Dios que me ayudara a conseguir el amor de alguna señorita.

Todavía llevo esos recuerdos colgando de mis pantalones mientras limpio la mierda que la bola de pelos más tierna del planeta deja en cualquier rincón de mi casa todos los días, religiosamente. Hay mierda por doquier, esta perra cagaría hasta adentro de una pastilla de carbón, pienso. No levanté dos o tres regalos cuando suena el teléfono fijo, ése que no suena nunca pero que por alguna extraña razón que asocio con mi pasado no puedo dar de baja. El teléfono fijo me mantiene a raya, me recuerda que hace diez años no tenía un aparatito diminuto que hoy me suena todo el día y con el que de noche mando y recibo señales de socorro. Me recuerda cuando llamaba a la casa de un amigo y preguntaba por él, y que así las familias sabían con quién andaban sus hijos. No se podía llamar muy tarde, es casa de familia. El teléfono fijo me recuerda el año en que mi vieja dejó de fumar porque yo se lo pedía con la misma insistencia con que le pedía a Dios que esa chica que ya iba haciéndose señorita se fijara en mí. Casi todas ellas ya tienen hijos, y algunos de esos hijos, padre.

A ver si nos entendemos, pocas personas tienen mi número de teléfono fijo. No sale en mi tarjeta, no aparece en la guía de teléfonos.

Del otro lado la voz de Abril cumple la función de informarme que todo lo que ha pasado y sigue pasando entre nosotros dos no quiere terminar en el armario efímero de las relaciones sostenidas a fuerza de teléfonos celulares. Abril deja de ser sólo parte de estos años de la vida, esta vida que vino después de que dejé de rezar seguido, después de que odiara el humo de los cigarrillos, después de que el planeta terminara del otro lado de la avenida Las Malvinas.

Le hablo de todo eso a Abril que simplemente había llamado para saber cómo estoy, le hablo de todo aquello y le suelto las palabras con una incontinencia verbal que la ametralla sin preguntarle. Le digo que ya no es sólo parte de mi vida después del barrio, que ahora la conozco hace veinte años y que la extraño como un condenado. Abril cortó nuevamente con su novio y ya perdí la cuenta de las veces que han matado y resucitado su relación desde que entre nosotros comenzó a suceder lo que sucede, y que en otro momento me voy a tomar el tiempo de contar. Le pregunto y vos cómo estás, si está triste, si está angustiada por haber terminado una vez más con su novio. Yo estoy contento y me siento egoísta pero igual se lo digo, estoy orgulloso de mi egoísmo. Esa relación es un edificio fuerte y yo un talibán con un avión como único fusil. Me dice que no es fácil, que hace mucho que están juntos, que el flaco es un novio divino, que la quiere, que compartieron no sé cuántas cosas, que hace cuatro años, que me extraña, que me quiere ver, que esto está muy mal. Yo le pregunto entonces qué piensa sobre los talibanes.

Cuando me quiero acordar, la perra más linda del mundo (digo la perra porque todavía no tiene nombre) ya se almorzó la parte de abajo de una cortina, los cordones de una zapatilla, el capuchón de una bic y la visera de mi gorra de John Deere.

–La perra se está comiendo la gorra.

–Qué perra? Con quién estás?

(risas)

–Tengo una perra. No te había dicho? Me la regalaron hace unos días no sé porqué. Es una bola de pelos genial.

Hablamos algunas cosas más y se tiene que ir a bañar.

–Pará, antes de que te vayas a la ducha… Hace cuánto lloraste por última vez por un tipo?

–Un tipo??? (más risas) Qué expresión tan primitiva! No no, nunca lloré por nadie, no me sale, por?

Le cuento del hijo de la señora, un hombre grande, hecho y derecho, llorando como un chico. Me dice que somos todos maricones y que ella no sabe si las mujeres son más fuertes, que esa clase de generalizaciones no le interesan, ella no llora y punto. Se va a bañar, yo me quedo con el tubo en la oreja y con la mierda de la perra.

Después de limpiar todo el vaciamiento canino vuelvo a mi habitación y me desplomo sobre la cama sin lograr que deje de retumbarme en la cabeza y en todo el cuerpo una sola idea. Nunca lloré por nadie, no me sale. ¿Cómo que no te sale? Eso no es algo que te sale o no te sale, te sale o no te sale hacer jueguitos con un fútbol, los cambios de marcha, pero llorar por otro es algo que viene o viene. Abril pertenece a ese extraño grupo de seres humanos que no lloran en esas circunstancias y cuyos caprichos son tan irresistibles como implacables. Yo comienzo a creer que nuestra relación (si es que puedo tomarme el brutal atrevimiento de llamar a lo que hay entre los dos de ese modo) toma una forma atemporal, una naturaleza nutrida de dos teléfonos fijos.

Pienso en esas cosas y la perra, que aún no puede subir sola a la cama, viene y salta y hace no puedo describir qué clase de sonidos para que la suba. Su estómago me cabe en la palma de la mano. Cuando se cansa de los infructuosos esfuerzos por comerse mi mentón, se rinde y vuelve a meterse debajo del brazo con el que sostengo el libro que me compré hace algunas horas y que es mi única defensa contra la tarde del domingo. Voy a pedir comida, alquilar una de Hugh Grant y meterme en la cama a esperar que pase lo que tenga que pasar. Estoy firmando el acta de rendición cuando suena mi celular, ése del que escapa mi relación con Abril, ése que encierra todas las demás relaciones.

Qué hacés? Tenés planes?

Nada, en mi casa, con mi perra nueva.

Voy para allá, querés pedir comida china en el mismo lugar que la otra vez? Yo alquilo una de Hugh Grant, dale?

Soy honesto, nunca pensé matar los domingos de esta manera, se me ocurría que compartir un domingo era una señal clara hacia donde no quiero ir. Pero Juliana no entiende de reglas, es una revolucionaria arriba de una 4x4 que se convierte en mi plan de domingo, y yo voy a jugar a que la quiero.

Ok, Te espero.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Porque al fin de historias, no somos tan distintos.
Siempre pienso en éso. Y al leerte re-afirmo mi pensamiento. Me gusta como escribis. Yo también escribo. La narración es mi forma de conectarme con este mundo lleno de celulares, lleno de ruido y lleno de gente que como yo: "no le sale llorar por nadie". Juro que a veces hago fuerza, pienso en muertes..., y vuelvo a hacer fuerza como tu perra cuando hace caca, y nada sucede. Ni una sola lagrima.

Anónimo dijo...

El final que lei ayer lo hacia mas real, mas bueno... más consciente pero bueno... admiro la capacidad creativa y espero a ver como sigue. Pero hacerse hombre y respetar a las julianas... tiene que ver con ver una luz en tanta neblina..

yop

Sol dijo...

Admiro a la gente que no llora por nadie... la admiro de una forma extraña, porque no quisiera dejar de ser como soy, pero, quizás, sí haber sido distinta desde un comienzo...
Mmmm... no me gusta el "yo voy a jugar a que la quiero"... Hoy(?) estoy en nena caprichosa y salgo en defensa de l@s que no saben que están en un juego... a querer no se juega, es mucho más lindo querer jugando.
Perdón, la catarsis me vuelve sentenciosa y muchos otros 'osas' más...

Anónimo dijo...

Comparto lo que comparte Sol...yo también soy muy "osa" y ni qué decir de llorona...creo igual que llorar o no llorar tienen intensidades diferentes...podés llorar como un marrano o no sacar una lágrima ni haciendo fuerza y realmente sentirte como la mierda...
sin embargo, sin caer en la proyección, es feíto que jueguen con uno...bah, otra forma de mentir me parece...igualmente "yo voy a jugar a que la quiero"...me gustó, me dejó pensando que, en una situación así, jugás con el otro y con vos mismo..."hagamos de cuenta que todo me importa un carajo, de última, esto es más dibujable(?) que llorar..."



deliriums tremens, me vas conociendo, Pater Oyom querido!



Un beso y un abrazo...y un guiño de los ojitos de Hugh...



Anónima Patricia

Anónimo dijo...

che, primera vez que escribo tanto, me colgué.

dejoles en su poder la dirección del blog de Contar con Letras, un grupo de chicos con ganas de leer,cantar y compartir esas cosas con la gente (es mi grupete, jeje, me sale la cochina orgullosa pero es un proyecto que ya tiene dos añitos, sigue siendo bebé pero lo estamos engordando...)


agradezco comentarios!



http://contarconletras.blogspot.com



Anónima Patricia

oyomepongoloco! dijo...

Anónimo: "pienso en muertes"???? buenísimo, me imaginé a alguien pensando en muertes a ver si se entristece. Igual, no es negocio la lágrima, mucha carilina, mucha hombría puesta en juego, mucho moco dando vuelta....

Anónimo 2: Hacerse hombre y respetar a las Julianas creo que no es parte del plan por ahora... Ayer subí el capítulo y lo bajé en menos de dos minutos porque no me gustó y vos me agarraste ahí con las manos en la masa! Había quedado muy largo y con demasiadas cosas. Igual, el final costó, como se ve...

Sol: a querer no se juega? (?????) es jodido que jueguen a quererte, pero bue, cosas que pasan... me divierte pensar que el protagonista, tras la paliza de Belén, se pueda convertir en un ser indiferente y destructivo. Aclaración: no es una cuestión machista, si el protagonista fuese una mujer, me gustaría del mismo modo que utilice hombres sin la menor consideración. Mecanismo de autodefensa? puede ser... en definitiva me gustan los resultados.

Anónima Patricia: No sé, pero creo que va por ese lado. De todos modos, soy de la idea que cada uno de los personajes es una persona grandecita ya que, si se traga el juego, es responsable por hacerlo. De algún modo me gusta pensar en una situación en la que cada uno es responsable solamente de sí mismo y no de los demás, por más sentimientos y demás cosas por el estilo en el medio. Una situación en la que no hay punto de conexión entre los personajes. Pasé por el blog de contar y me quedé un rato largo leyendo, ta bueno!

Saludos, muy buenos las opiniones.

Leandro · oyomepongoloco!

Anónimo dijo...

Muy bueno como siempre , parece que juliana te conoce mucho no ??y mientras vos jugas a quererla ella posiblemente te quiere , por q las mujeres cuando quieren no entienden de reglas y se convierten en revolucionarias jajaja arriba de un 4x4 o de lo que sea .
con respecto al edificio fuerte , me parece que ya no es tan fuerte luego de haber matado y resucitado la relacion un par de veces todos sabemos q no es lo mismo y que un taliban con un avion aunque sea el unico fusil , puede acabar con ese edificio fuerte .


VUELVO A REPETIR ME ENCANTA TODO LO QUE ESCRIBIS .!

Vlaad dijo...

Caí acá casi por casualidad (bueno, en relidad no tanta) y disfrite cada uno de tus muertos (y por muertos, no referimos a las palabras).

En cuanto al tema del llanto, eso sí que tiene mucha historia en mi vida. Creo que sólo logre llorar una vez en 6 años, y esa vez fue porque perdí el control, es decir, lloré sin motivo alguno.
En cuanto al resto, viví muertes, viví intentos de suicidio (mios, suyos, nuestros), viví perdidas, viví finales, viví comienzos, viví sonidos, viví silencios... y ninguna lágrima que se materialice. Ni hablar de llorar por alguien, oh no. Aún así, creo que las personas que no lloran jamás en realidad nunca dejaron de hacerlo. A ver si me explico, a lo que me refiero es al llanto interno (que viene en la misma bolsa de sensaciones que la muerte instantánea).

Y yo, lloro (o no lloro) en cada letra, en cada palabra. En cada punto y en cada coma.

Y todo eso, nada tiene que ver con la hombría. Eso ya entra en términos socioles y culturales que, gracias a ser un simple desviado, me interesan poco.

ain dijo...

es que a veces, llorar no cambia nada.

ni siquiera la manera en que nos sentimos.

no?

igual, me gusto este despues.

CRONOPIA dijo...

Y... ya pensó en leer Historia del llanto, de Alan Pauls?

teodoradorna dijo...

uhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa definitivamente me gusta la oyom version narrativa, leer largo igual que cuando estoy en la cama. se fueron al carajo con "despues". yo brindo, festejo y esas cosas para acentuar el fanatismo jiji.

abrazos

oyomepongoloco! dijo...

Anónimo: mmm... No creo que Juliana lo conozca, no se me ocurre pensar que se lo permita. Gracias por la buena onda!

Vlaad: Puede ser que la hombría no tenga nada que ver con el llanto, pero me resulta muy simpática la ingenua relación directa sermacho-nollorar, me parece divertida.

Ain: Nooo! Cómo que no cambia nada? Una buena llorada seguida de una buena soplada de mocos puede cambiar el rumbo de un día! Sobre todo si la soplada de mocos se realiza como se debe... Soplarse los mocos es como tomarse un red bull, como salir a correr, como tomarse un redoxón!

Cronopia: Lo recomendás???

Teodora: Si hay brindis, nos prendemos! Sigamos festejando...

Gracias por el ida y vuelta!

Leandro · oyomepongoloco!