sábado 7 de marzo de 2009

después · 4

gritos

Recuerdo que meses antes, después de un almuerzo con Abril – en el que hablamos de su noviazgo, de mi primer encuentro con Juliana, y de mis conversaciones telefónicas con Belén, en aquel almuerzo en donde esa amistad comenzaba a ser insostenible –, caí en la cuenta de que estaba comenzando a quererla sin previo aviso. Sin embargo cuando su relación tambaleaba, yo me puse del lado de su novio que se sentía tan inseguro. Lo recuerdo porque ese mediodía creció en mí la sensación que me hizo sentir estúpido. Un poco estúpido.

Y lo recuerdo, finalmente, porque después de aceptar el plan de domingo que me propuso Juliana, esa sensación creció con más fuerza aún porque no necesitaba pensar demasiado para saber que no soportaría la compañía de Juliana más de diez minutos.

Es que una vez más, después de haberle dicho que la esperaba, me invadió un rechazo hacia ella que me hizo ver (por fin) el absurdo de mi plan de domingo por la noche y logré traer a la memoria – en ese tipo de reflexiones en donde creo estar tomando la decisión que me hará enderezar el rumbo de la vida – el recorrido desesperado de las últimas semanas. Siendo testigo de ese tránsito alienado pensé Esto no da para más.

Para que tomemos real dimensión de la naturaleza de esa convicción, es similar a cuando digo Esto no da para más, mañana empiezo el gimnasio. No tenía motivos para creer en lo que afirmaba pero me dejé llevar por esa ilusión de cambio radical. Expresiones como Desde mañana enfrento la realidad de otra manera, Tengo que aprender a resolver mis problemas ordenadamente o la aprendida siendo muy chico Ya para chorizo, es largo corrían por mi casa burlándose de mí y de mi ingenua convicción de cambio de forma de ser, de mi absoluto convencimiento de estar terminando con una época. La Lara (no encontré mejor nombre para mi perra) me miraba como con compasión, dándose cuenta ella, y no yo, de que estaba perdido como turco en la neblina.

Ahora puedo dudar de qué es lo que en ese momento había incrementado (aún más) mi estupidez, si el hecho de aceptar el plan de domingo con Juliana, o si creerme que de verdad iba a abandonar mi compulsiva necesidad de hacer planes como ése.

Sin embargo, estaba entregado. Mientras yo me ahogaba en ese torbellino de decisiones Juliana venía a paso firme con la triste ilusión de que nuestros domingos se hacían costumbre, y que la costumbre daría lugar a una relación no sólo de domingos, sino de lunes, martes, sábados, cine, viernes, cumpleaños, familias, jueves, noches, mañanas. ¿Qué iba a hacer con todo eso? Ya sabía: lograr que Juliana salga por mi puerta y no vuelva más. Sólo tenía que encontrar el cómo.

Cuando llegó yo aún no había encontrado la solución, por lo que dejé correr los minutos y suceder los acontecimientos pero fui solapando actividades, cajitas. Si Juliana tenía la iniciativa de esperar la comida conversando sobre lo que había hecho en la semana, y todavía seguir hablando de ello –como si yo tuviera un gran interés – durante la cena, pude escapar uniendo la cajita Película con la cajita Cena, y a quince minutos de haberle abierto la puerta, no tuve la obligación de oírla más.

Pero cada cinco minutos un comentario interrumpía mi disfrute cinematográfico y me daba motivos para echarla del mismo modo en que había aceptado que viniese; elegí no contestarle y al no recibir respuestas optó por rendirse y callar. Así logré, por momentos, imaginar que no estaba con ella y entonces su abrazo me resultaba más cómodo y natural, pero mi soledad, una soledad con nombres y características y una miseria sin fondo, había sido potenciada frente a la explosión de los deseos alcanzados y exhibidos en la pantalla. Mi soledad creció hasta convertirse en un líquido espeso que todo lo conquistaba y me asfixiaba más y más a medida que se sucedían sus pequeñas caricias.

Había intentado fingir que no era ella, pero el ejército que me ahogaba no admitió discusiones y me encontré enamorado pero sin tener en claro muy bien de quién. Y eso no se remedia con ninguna Juliana que venga a mirar una película tirada en mi cama.

De ninguna manera.

Eso sólo lo puede remediar Abril.

Por eso, cuando las cajitas Película y Cena quedaron vacías, el plan de Juliana quedó obsoleto y ella al filo de darse cuenta. Le expliqué con la precisión de un relojero cuál era la situación hasta el último detalle, quise ponerla en pleno conocimiento del terreno que pisaba y que conozca la realidad de la cual era parte. Le expliqué que lo hacía porque no puedo soportar desconocer la realidad en la que respiro, que eso es lo más parecido a perder la razón y que volverse loco era infinitamente peor a estar muerto y que debido a todo aquello ella merecía saber los detalles que hacían que yo la espere. Juliana estalló con una violencia inusitada acusándome de sádico, cruel y enfermo, decorando su lista de imputaciones con un rosario de insultos que me demostró todo ese enojo ante lo que ella consideró un desatino de declaración. Sus gritos se multiplicaron en el aire de la casa pero yo no los escuchaba; después de los primeros insultos sólo podía ver su cara desencajada que no tardé en dejar de reconocer.

No pude sentir por ella ninguna aflicción, Juliana había dejado de existir ya antes del primer grito.

–Por favor, no hagas que te lo pida de nuevo.

–Andate a la mierda. Pedímelo otra vez, mil veces.

Juliana perdió los estribos: no sólo no acepta mi invitación a irse, directamente quiere que la eche.

­–Ok, está bien… Te vas. Ahí está la puerta. No quería que te enojaras ni que…

Pero ella ya no pudo escuchar una palabra más y me hizo un gesto de impotencia pidiéndome callar. Alzó su dignidad, se volvió hacía mí y comenzó a besarme como para que me arrepintiese de haberle pedido que se vaya, de haberle dicho todo eso que le dije. Cuando mis manos la invitaban a quedarse, siendo tan hospitalarias como no lo habían sido mis razonamientos tres minutos antes, ella dejó mi boca y se levantó.

Sucedió tan rápido que cuando escapó de mi cama me quedé mirándola como pidiéndole una respuesta.

Se dio vuelta y se fue.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

y lo minimo que podia hacer era irse me parece ! jaja
me gusto me gusto como siempre .

Anónimo dijo...

aay juliana.. juliana.. creo qe estas buscando amor en lugares equivocados.

Sera que lo imposible es muy atrayente? Sera que somos masoquistas? O tal vez, creemos q podemos llenarnos con restos de amor :( o que con nuestro amor "alcanza"...


me gusto mucho ;)
me siento un poco identificada en algunas cosas..

Buuuuena semana!

Besoos,
Jekii
(he regresado jajaja)

Anónimo dijo...

excelente como siempre!

Anónimo dijo...

jajajaja
jajajajajaa
perdón, soy un ser oscuro, pero me hizo mucha gracia este episodio de confusiones y desórdenes...

me sigo riendo, no hilvano una oración...

está claro, volverse loco es infinitamente peor a estar muerto...


muy bueno como siempre! lluvia de laureles una vez más por estos lados...

(bueno, ya sé que Pater Oyom saldrá con la modestia, entonces,le tiro una ramita de manzanilla para el té, nomás)


besos



Anónima Patricia

Anónimo dijo...

En el después anterior te dije q a veces: "pensaba en muertes para poder llorar", técnica un tanto desesperada por no lograr q se me caiga una lágrima. Y en este después, una de tus frases, me obliga a compartir este sentir en relación a la locura y la muerte... Entonces digo, a lo q se reducen tantas palabras: No es necesario estar muerto, para no estar tampoco vivo. Y no es necesario estar loco para no estar del todo cuerdo.
Muy bueno lo q escribis!! tu "estar vivo", más vivo aún haciendo reflexionar sobre todo y sobre nada, pero sobre todo... a los q te escribimos!Será asi... para vos?.
(Saludos, NegritaMia)

ain dijo...

Aguante juliana!

excelente la retirada, excelente el despues.

beso, panzudo.

oyomepongoloco! dijo...

Anónimo: Además de lo mínimo, tal vez era lo único. Cosas que pasan!

Jekii: Definitivamente era el lugar equivocado...

Anónimo 2: Gracias por la nota! En el primario siempre era motivo de pedir regalos un Excelente, ahora mismo pido un autito de colección.

Anónima Patricia: Lejos de los laureles, le clavo unas traviata al té!

NegritaMía: (no hay un local de ropa, frente al paseo del buen pastor que se llama así??? o es Negrita Linda? mmmm...) Cuando el protagonista habla de estar loco, lo plantea desde la enfermedad. Es verdad que que podemos no estar del todo cuerdos, pero la locura como enfermedad es lo que le parece aterrador (comparto, obvio).

Ain: Aguante Juliana??? Ja! A mí el personaje no me gustaba mucho, no sabía cómo sacarlo del cuento. Qué bueno que te haya gustado la retirada! (y ahora me pongo a dieta!)

saludos!

Leandro · oyomepongoloco!

Sol dijo...

Bueh... adhiero a anonima patricia... me pareció todo un tanto caótico. Será q el lenguaje acompañó al estado de ánimo del protagonista... tal vez....
Creo que lo que salva a este señor(de mi)es, al menos por una vez haber sido sincero con 'el otro' (y en el fondo consigo mismo). Haber puesto en palabras lo que ahí no estaba pasando ni iba a pasar NUNCA. A las Julianas a veces nos cuesta entender... o darnos cuenta que estaban jugando, "MAS VALE MIL PALABRAS A UN GESTO".
SI JUGAS A QUERER, BANCATE QUE TE QUIERAN.

teodoradorna dijo...

me quede pensando como es esa forma paralela que tiene el cuerpo de entender las situaciones o provocarlas, que es primero, la palabra o la acción, la persona o el nombre, el punto o la trayectoria asi ad infinitum!

abrazos