La honestidad de la violencia · 2
- En qué lengua hablabas con el gringo ese?
- Ike se llama, y hablábamos en turco.
- Existe el turco?
F me contesta en el mismo choque fonético con que se comunica con el gringo que hubiera jurado era de Suecia, de Noruega o de Islandia. Me cuenta la historia, un amigo de ella de algún viaje, de padres de otro país que no era donde nació el tipo y disfruta de lo poco que me importa todo lo que me dice y del malestar que me provoca que me hable de otro hombre.
Yo te hablaba con la distancia necesaria para que no me vieras comprometido en tus asuntos, y con la frialdad fingida con que intentaba mostrarme por encima de todo aquello planificaba una avanzada para la que no tenía coraje.
F me invita a bailar, me hace una seña que me recuerda a tanto tiempo atrás, se le dibuja una sonrisa en la que sus ojos brillan detrás de sus lentes de marco rectangular, esos anteojos violetas en donde me parece estar mareándome y finalmente me siento caer en el espiral de su pelo claro, en la profundidad de su mirada. Me invita a movernos juntos pero le digo que no, argumentando no poseer la virtud de la danza, diciéndole que mejor nos quedamos quietos, sentados, se lo digo y sé que desciendo, que retrocedo como la oca, que bajan mis acciones.
Le digo que no y me lamento, le niego el impulso del baile y me parece que nos alejamos pero ella no sabe aceptar reveses, vos vas a venir quieras o no, levantate, para eso me quedaba con Ike. La miro sorprendido y escandalizado: me levanto sin salida. Es llamativa mi atracción por las mujeres que desconocen y desprecian lo que involucre mi voluntad. Esto lo pensé luego, en ese momento no hubo respiro, antes de poder pensar lo que fuera, F me agarra la mano fuerte y me conduce como si quien conociera a la perfección la peña fuese ella y no yo. Esta mujer juega de local en todos lados. Llegamos al final de un pasillo donde la música parece chocar de una pared a la otra llevándonos por delante. Me toma de una mano y su cuerpo se mueve anárquico y armónico, es un líquido contenido en un envase flexible que flota frente a mi excitación avergonzada, frente a mi cuerpo insuficiente para tal desafío, me aprieta as mano y me mira con severidad para luego desviar sus ojos sin dejar de moverse, aparentando no constatar mis ansias. Un año después es fácil afirmar que la música del Rio de la Plata la transforma, pero lo supe en el momento exacto en que acercó su boca a mis oídos para cantarme una letra de Fernando Cabrera en donde su destino volaba. Desde ese minuto aprendí a calcular el grado de felicidad que te provoca una canción y cómo su música se te pega a la piel y te mueve y ya no sos vos sino una sustancia que vuela y va y viene, una sustancia que se hace una con esa misma melodía y me parece estar en el centro mismo de ese sonido, de esas voces, de esas guitarras, en cada uno de esos golpes de percusión y pierdo noción del espacio y del tiempo y me parece que todo se ha caído, que todo ya no es, que todos ya se fueron, que sólo quedamos nosotros dos, vos feliz colgada de una canción y yo aprendiéndote y corriendo detrás de un impulso. F ríe y es una nube en donde se me nubla la vista y se me empañan los anteojos, entonces ella canta alto, muy alto y su voz me embriaga y me sorprende diciéndole la ingenua estupidez de quererla como timbre de despertador; F sabe que me tiene en la gatera pero no se aprovecha, no le hace falta, sabe llevarme.
El gringo, que se había quedado en la misma mesa donde lo dejamos, vuelve abriéndose paso entre los saltos y las parejas, entre los besos y las botellas que se levantan como estandartes, como botines de guerra, como objetos de veneración que brillan y reflejan la poca luz que juega entre las nubes de humo. El gringo se abre paso a fuerza de codazos y empujones y lo intenta por última vez pero ya es tarde, en el minúsculo espacio donde flotamos ya no hay lugar para foráneos, yo soy un xenófobo orgulloso y triunfalista, - Qué esperás ahora? La marcha radical? Ya estuvo, gringo, ya estuvo. Él no entiende de lo que hablo y F me dice que aprenda a ganar. - Aprendé a ganar, extraño, no le pegues en el piso, no hace falta.
Yo me maravillo por mi descubrimiento y le digo que vamos, que la sigamos en otro lado pero F intenta calmar mis ansias y me pone distancia.
- No te conozco, no sé quién sos, no me voy con vos a ninguna parte, no seas tan animalito.
De pronto ella mira hacia el gringo que emprende el camino de vuelta hacia la mesa, el mismo camino por el que pasó con la furia de una reconquista, pero ahora se limita a encontrar los lugares que le den paso, lo empujan y lo aprietan las parejas y los grupos de amigos que saltan y se tiran cerveza y vino. F lo mira y podemos ver su cabeza gacha, su mirada que sólo encuentra zapatillas y alpargatas y ojotas, entonces ella no lo puede soportar. - Esperame, no puede irse así, no es justo, no fueron leales tus maneras.
Camina decididamente hacia él y lo frena tomándolo del brazo, dándolo vuelta y sin que Ike pueda decir nada F lo besa de un modo que uno pudiera pensar que son dos enamorados que se ven después de mucho tiempo y pienso en eso y me maravillo: me encantan las puestas en escena, el guión de los sentimientos, el hacernos la película, el creernos todas esas ingenuas fantasías. Ella lo besa con los ojos abiertos, frente a los ojos grises del gringo que están cerrados tras de los que él también se construye un sentimiento desgarrador. F lo mira con una ternura indiscutible, agarrándole el rostro entristecido y despidiéndolo.
- Ya conseguiste lo que buscabas, no es cuestión de dejar en el camino un reguero de sangre.
Yo le sonreía, suficiente, inventándome un lugar por encima de todo aquello, no quise preguntarle los motivos de su piedad, de aquel comportamiento que me cegaba.
Aquella noche pegaste tu cara contra la mía para decirme que me tranquilizara, que todo estaba bien, que nos habíamos encontrado.
Me tiraste encima aquel género de novelerías con el que creías controlarme y yo no supe hacer otra que continuar con mi personaje que te sigue la corriente, que se enamora de tus besos con viajeros derrotados, que se imagina meses de camas que no den abasto.
- Te vas a enloquecer, extraño, todavía estás a tiempo de renunciar.
- Nos vamos a cagar a palos sin cuartel, F?
- No, eso implicaría una lucha entre dos y esto va a ser simplemente una aniquilación. Sos uno más que no es él.
F lo repite aún podés irte, aún estás a tiempo, regodeándose en el placer de su amenaza. Me habla de una guerra tras de la cual sólo van a quedar las cenizas de mi altanería. Yo actúo, soy el guión de una película hollywoodense jugando al galán políticamente querible. - No quiero hacerte mal, sólo voy a defenderme de tus ataques.



3 comentarios:
Qué lindo, dejarse llevar así por los impulsos.
F. president(a)?!
tremendo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
como pedo de buzo!
que combinacion que cuando abre el blog empieza a sonar Azules Turquesas... que fuerte...
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