TOC, TOC, TOC!
Recuerdo que cuando comencé a tratarme con un psiquiatra por mi manía con las puertas, uno de mis amigos que se hace el cheto y que se las sabe a todas se cagó de risa y me dijo que era muy snob, que ahora estaba de onda estar medio chapa. La idea no me parece del todo mala, de hecho la comparto bastante: que en los flacos de mi ámbito, estar medio chapa es como ser cool, o estar pasado de vuelta con el laburo es sinónimo de éxito. En fin, la tesis dice que si estás mal de la cabeza, estás in. Insisto en que la idea no me parece mala, pero me dieron ganas de meterle una descomunal viga por el recto al maldito. Dos años después y tras haber pasado por los consultorios de algunos profesionales distintos, esto es lo que tengo para decir:
Apago mi auto, saco la llave del tambor, bajo los seguros, agarro mis cosas y bajo. Una vez afuera cierro las puertas y chequeo una por una, entre seis y nueve veces cada una; me fijo que los vidrios estén subidos, veo que lo están pero los toco, toco que donde termina el vidrio comience la puerta; me aseguro que las puertas no sólo estén cerradas con llave, sino que también estén cerradas bien bien, que no hayan quedado cerradas a la mitad. Luego miro por las ventanas que el estéreo haya quedado apagado. Le doy una ronda al auto, otra ronda, miro que todo esté cerrado, vuelvo a chequear, entre seies y nueve veces cada puerta, algunas me toman más, pues el procedimiento está tan automatizado que pierdo conciencia del mismo y puedo tirar de la manija quince, veinte, veinticinco veces, pero no estoy siendo consciente de que efectivamente está todo cerrado. Voy hacia el costado del acompañante y hago lo mismo. Finalmente el baúl, en donde decido chequear una vez más, por las dudas, las puertas del lado del conductor, nueve, doce, veinte veces cada una, pienso que todo ello es absurdo, que alguien me puede estar viendo, que es una estupidez, que todo está cerrado y que es sólo mi cabeza, me digo todo eso y sigo tirando de las manijas de las puertas y tocando con mis dedos para asegurarme que los vidrios estén correctamente cerrados y vuelvo a dar una vuelta más al auto donde se repite todo el proceso nuevamente y tras otras repeticiones me iré dando cuenta de que el auto queda cerrado y que no tiene caso, la cuestión no pasa por las puertas pero es en vano. Pienso en ello y me alejo: finalmente puedo irme. Algunas veces, luego de caminar varios metros, yéndome de donde lo dejé, vuelvo al auto y debo repetir todo ya que no estoy seguro de que todo esté cerrado.
Por supuesto, nunca lo dejo en la calle, siempre playa de estacionamiento.
Al entrar a mi casa, la cuestión puede ponerse jodida con el portón de mi cochera. El portón es automático y tengo terror de que, por esas cosas de la electricidad y la electrónica, se abra repentinamente en la noche. Bajo de mi auto y, en mi garaje, repito el proceso de la playa, sólo que dentro de mi casa, gracias a lo cual, una o dos rondas al auto suelen ser suficientes. A lo sumo, tres, pero nunca más de eso. Lo que me genera incertidumbre verdaderamente es el portón, porque además me cuesta saber si queda bien cerrado (esto es, perfectamente pegado contra la abertura). Lo tomo de una parte que sobresale y tiro de él hacia adentro para que quede bien afirmado; finalmente lo desenchufo para que no haya sorpresas eléctricas. Miro fijamente al enchufe para darme cuenta de que lo acabo de sacar del toma corriente, que no está enchufado, pero la vista puede equivocarse, el tacto es más confiable: toco y me clavo las patas del enchufe en la palma de la mano, el dolor que me provoca hace más segura esa verdad, mi vista puede fallar pero el dolor de la palma de mi mano me recuerda que el enchufe no está en la pared, que hace un instante presionaba contra mi piel.
Haré lo mismo con la puerta del comedor, con la puerta de calle, y mi amigo dirá que es snob, que está de moda, que es cool hacerlo.
Apago mi auto, saco la llave del tambor, bajo los seguros, agarro mis cosas y bajo. Una vez afuera cierro las puertas y chequeo una por una, entre seis y nueve veces cada una; me fijo que los vidrios estén subidos, veo que lo están pero los toco, toco que donde termina el vidrio comience la puerta; me aseguro que las puertas no sólo estén cerradas con llave, sino que también estén cerradas bien bien, que no hayan quedado cerradas a la mitad. Luego miro por las ventanas que el estéreo haya quedado apagado. Le doy una ronda al auto, otra ronda, miro que todo esté cerrado, vuelvo a chequear, entre seies y nueve veces cada puerta, algunas me toman más, pues el procedimiento está tan automatizado que pierdo conciencia del mismo y puedo tirar de la manija quince, veinte, veinticinco veces, pero no estoy siendo consciente de que efectivamente está todo cerrado. Voy hacia el costado del acompañante y hago lo mismo. Finalmente el baúl, en donde decido chequear una vez más, por las dudas, las puertas del lado del conductor, nueve, doce, veinte veces cada una, pienso que todo ello es absurdo, que alguien me puede estar viendo, que es una estupidez, que todo está cerrado y que es sólo mi cabeza, me digo todo eso y sigo tirando de las manijas de las puertas y tocando con mis dedos para asegurarme que los vidrios estén correctamente cerrados y vuelvo a dar una vuelta más al auto donde se repite todo el proceso nuevamente y tras otras repeticiones me iré dando cuenta de que el auto queda cerrado y que no tiene caso, la cuestión no pasa por las puertas pero es en vano. Pienso en ello y me alejo: finalmente puedo irme. Algunas veces, luego de caminar varios metros, yéndome de donde lo dejé, vuelvo al auto y debo repetir todo ya que no estoy seguro de que todo esté cerrado.
Por supuesto, nunca lo dejo en la calle, siempre playa de estacionamiento.
Al entrar a mi casa, la cuestión puede ponerse jodida con el portón de mi cochera. El portón es automático y tengo terror de que, por esas cosas de la electricidad y la electrónica, se abra repentinamente en la noche. Bajo de mi auto y, en mi garaje, repito el proceso de la playa, sólo que dentro de mi casa, gracias a lo cual, una o dos rondas al auto suelen ser suficientes. A lo sumo, tres, pero nunca más de eso. Lo que me genera incertidumbre verdaderamente es el portón, porque además me cuesta saber si queda bien cerrado (esto es, perfectamente pegado contra la abertura). Lo tomo de una parte que sobresale y tiro de él hacia adentro para que quede bien afirmado; finalmente lo desenchufo para que no haya sorpresas eléctricas. Miro fijamente al enchufe para darme cuenta de que lo acabo de sacar del toma corriente, que no está enchufado, pero la vista puede equivocarse, el tacto es más confiable: toco y me clavo las patas del enchufe en la palma de la mano, el dolor que me provoca hace más segura esa verdad, mi vista puede fallar pero el dolor de la palma de mi mano me recuerda que el enchufe no está en la pared, que hace un instante presionaba contra mi piel.
Haré lo mismo con la puerta del comedor, con la puerta de calle, y mi amigo dirá que es snob, que está de moda, que es cool hacerlo.



4 comentarios:
tu amigo es un snob!
Snob no. Bailarín de la locura.
Bailarín de la locura me gusta.
Igual, según tu relato lo que es cool es estar un poco loco e ir a terapia. Sos un tipo que acepta su vulnerabilidad y en esos sos distinto. Sos cool. Pero después mezclás cosas. Cerrar cada puerta del auto unas veinte veces no es snob, cool ni está de moda. Es una pelotudez. Tendrá su explicación psicológica que seguramente hará que mi calificación sufra de esa misma calificación. De todos modos, no puedo dejar de confesar que siento que mi status de amigo crece cuando das por acreditado el cierre de una puerta confiando en mi comprobanción (que incluye tirar la manija, chequear la uniformidad del borde de la puerta con el auto mismo y la ausencia de espacio entre el vidrio y el marco).
Salud a la desconfianza al cierre centralizado, al baúl sin llave y a la confianza en los amigos que acompañan las locuras!
hacía mucho que no entraba, es cierto tambien que mi conexion a internet ha sufrido un vuelco terrible, pero muchacho al pingo que manera de escribir. Mi conexion a internet ha volcado pero no así el fanatismo oyomico.
Un abrazo para todos y uno un poquito más particular
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