viernes, 25 de diciembre de 2009

La justicia del boxeador rubio · comienzo

Cuando parecía que la matanza había llegado a su fin, el rubio aún tenía los ojos de un hogar ultrajado, de un animal hambriento y sediento de venganza. Yo todavía conservaba en plenitud el desvarío de la ebriedad y no tuve el instinto de supervivencia necesario para decir algo que buscara terminar con la paliza.

-Felicitaciones rubio ¿Cuando seas grande, vas a ser boxeador?

Entonces supe que el temporal de puños aún estaba lejos de menguar, mientras saboreaba la viscosidad de la sangre dentro de mi boca y pensaba que así, todo ensangrentado, Abril no me querría besar ni por un acto de piedad. Las venas rojas contrastaban con el verde de los ojos del rubio, haciendo de ellos una extraña escarapela italiana. Yo sentía con exactitud el contacto duro y doloroso de sus manos contra mi cara y mi cabeza y ni atiné por un instante a cerrar mis ojos. Ahora puedo saberlo, disfruté de esa descarga, la alimenté mientras se produjo y me creí merecedor de ella. A medida que el rubio buscaba en vano vaciar una furia inacabable, yo razonaba preso de mi desvarío sobre la justicia de aquel ajuste de cuentas. Sólo terminó cuando se cansó, cuando se dio cuenta de que se estaba repitiendo, de que ya no tenía sentido, de que al menos por ese ahora ya se había aburrido de golpear, que todas las trompadas del mundo no saciarían su odio terrible, avergonzado, impotente. Ese cansancio le gritaba muy dentro de su cabeza algo que los dos sabíamos: la venganza nunca sería suficiente. Nunca. La idea lo atormentaba, y si llevó la golpiza al límite de mi vida, no fue porque estuviese peleando conmigo sino luchando precisamente contra esa impotencia sabida de antemano y constatada en cada golpe. Miró cada uno de los cortes de mi cara, observó cómo corrían los hilos de sangre por mi pelo y mi cara y el modo en que luego manchaban mi ropa o la calle y comprobó lo que sospechó antes de tomar esa decisión: que no había caso, todo aquello no lo podría redimir.

Llegó a la puerta de la casa de Abril a las dos de la mañana con la certeza llevada al punto de la decisión, con la sangre quemándole por dentro. El rubio no soporta un día más el suplicio, suda y siente que se asfixia, es un león embravecido y sus venas un amasijo de autopistas voladas por un sinnúmero de suicidas borrachos. Él mismo se castiga, se flagela, se declara culpable, se desea verdugo. Se dispone entonces a una espera de la que guarda al menos la esperanza de la sentencia, el imposible restablecimiento de un orden que no puede comprender cómo fue que perdió.

Lejos del interior de su auto, los brazos de su novia me envuelven y yo construyo una vez más un edificio hecho de ladrillos tan falsos como los sentimientos, olvidando a todos mis amigos que bailan alrededor nuestro en la fiesta de cumpleaños de Emi, que sólo nos trae cerveza, como si en las botellas que nosotros nos bajamos, él también se emborrachara para no tener que ser el cómplice de todo lo que involucra mi amistad con Abril. Los dos estamos borrachos y nos queremos con la fuerza de una poderosa ficción, de un modo dramático, indefenso.

-Te voy a tirar a la pileta.

-¿Qué? Después tenemos que subirnos al auto, ir a tu casa, amanecer en tu cama.

-¿No te cansás de decir idioteces vos, no? ¿Frases así ponés en los cuentitos de mierda esos que escribís? Vos no vas a amanecer en ninguna cama que no sea la tuya, y yo te voy a tirar a la pileta.

Termina su embestida y estalla en un ataque de risas en medio del cual me abraza y caemos al agua abrazados y felices, con la torpeza de dos árboles talados. Todavía no voy a sentir el dolor en mi tobillo que dio contra el borde de la pileta, ajeno a mis sentidos. Nos buscamos debajo del agua, ciegos, ansiosos. Nuestros amigos están incómodos y lo sabemos pero sólo esta vez no nos importa, somos dos adolescentes gritándole al mundo un amor puro y porfiado. Yo le digo que seríamos la pareja perfecta y ella no quiere escucharme, me besa y me calla. - Vos no sos mi amor, sos mi amigo. Te quiero mucho, amigo.

Salimos del agua y el pelo de mi amiga gotea provocándome una sed desvergonzada. Ella sacude su cabeza frente a mí como si fuese la protagonista de una publicidad y yo compro, soy un consumista compulsivo de todas las cosas que me vende Abril.

-Deberías secarte, no?

-Vos también, estás hecho un trapo, vení que vamos a buscar algo de Emi así te cambiás.

Obedezco. Mi mente descifra todo en clave porno y obedezco.

Camino detrás de ella en el pasillo anterior a la pieza como un jugador que sale a la cancha a jugar la final del Mundial. Cuando llegamos a la pieza de nuestro amigo ya no hay posibilidad de abrir ese armario para buscar nada y mi voluntad comienza a sufrir la carencia de poder frente a sus piernas duras, perfectas, ante sus labios precisos, expertos. La cama se moja y detrás quedó un reguero de gotas que señala el camino hacia donde nadie puede dirigirse. Con pocos movimientos las piernas y los brazos de Abril forman una llave maestra de la que no puedo zafarme. No tiene caso luchar, ella es más fuerte y está encaprichada con romper mi remera.

Del otro lado de la ciudad hay un mirmidón dispuesto a destrozarme, lo recuerdo y me dispongo a hacer que valga la pena, a merecer la pena justa que se va a desatar sobre mi cuerpo.

Abril me besa con ternura, con las técnicas depuradas del amor, mi amiga me rescata de ese lugar árido, nocturno, gélido y violento donde busco auxilio en otras mujeres. En el atropello de mis primeros movimientos recuerdo que coger no es lo mismo que hacer el amor, y que ya me olvidé cómo era lo segundo. Se lo digo y me responde que se ha dado cuenta y que no pasa nada, ella me puede volver a enseñar. Pero en el desarrollo de la final del Mundial, la cama denuncia una conducta que desaprueba y caemos. -Cama maldita, dice, y vuelve a reír dándome un momento para recuperar el aire.

-¿Estás cansado?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mi este chabon no se coge ni a la perra y no le queda otra que fantasear escribiendo estos cuentitos infantiles y sin sorpresa alguna.

Feliz 2010 che! y a brindar por la mediocridad renovada!

Anónimo dijo...

será el rubio? :)

Anónimo dijo...

compro! feliz de volver a leer sobre abril,

feliz año oyomes!

L

Anónimo dijo...

buehhhhh, para Anonimo Primero, una de dos: o claramente desconoces a quien lo escribio y de lo que es capaz... o lo conoces, le tenes bronca quien sabe x que.

teodoradorna dijo...

Moscardó sigue usté siendo mi ídolo.
Hijo de puta, esto si que está bien bueno!!!!!!!!!!!!!!!

Abrazos de ya pasaron los reyes magos.

ain dijo...

muy bueno, muy bueno.

parabens!