martes, 8 de junio de 2010

La paz

En la esquina de 24 de septiembre y Güemes, un Duna azul - chocado en el guardabarros izquierdo de atrás - atropella a un perro. Se lo lleva puesto así como viene nomás, al palo, arrastrándolo varios metros, despedazándolo, rompiendo sus vísceras y rasgándole el cuero. Durante esos breves y eternos segundos, el conductor lo disfruta, viene con un día de mierda y no puede saber porqué, pero en su fuero más interior, ahí en su profundidad más íntima, el tipo comienza a darse cuenta de que lo ha disfrutado, se da cuenta de que lo ha experimentado con placer, con un exquisito e inevitable placer. Sintió en sus pies, a través de los pedales del freno y el embrague, cada una de las fracturas que iban estallando en el cuerpo del animal, como si los materiales del auto fueran los conductores de un lenguaje en donde el hombre pudo sentir en su piel cómo lo tocaban los gritos del perro debajo de su auto, aplastado por su rueda delantera derecha, llenando con sus entrañas el guardabarros. Ya con el auto parado y el cadáver de la accidental víctima hecho un revoltijo, el tipo siente que buena parte de la mala energía del día se ha ido con el animal, y de yapa, como si haberlo atropellado no hubiera sido suficiente, el auto no tiene ni un raspón (a veces cuando te llevás puesto un perro, se te puede abollar la chapa), está perfecto, como si no hubiese pasado nada. El conductor arrastra, entonces, el cadáver hasta el cordón de la vereda con una sonrisa inocultable en su rostro, se sube al auto y, sintiéndose en plenitud, lleno de paz, retoma su camino. Su día comienza a mejorar. El del perro, no.

2 comentarios:

Lau dijo...

el lado oscuro de oyom? creo que me gusta, ja

Lory dijo...

muy bien escrito, como todo lo demas, pero no deja de darme unas ganas tremendas de ir a cagar a palo a ese hdp... "a ver si mi dia empieza a mejorar"....