-Te puedo hacer una pregunta???
Desde atrás de la puerta la molestia se constituye en la forma precisa de una pregunta.
-Sí! Qué pasa?
(qué mierda es lo que no puede esperar hasta que salga del baño? Además eso no es una pregunta ya?)
Josefina abre la puerta del baño.
-Y ahora que Brasil empató con Portugal, se quedó afuera?
Yo no entiendo el atropello explícito y escandaloso que sufre la privacidad en la actualidad. Básicamente se trata de que no te rompan las pelotas en los momentos en que querés simplemente que nadie te rompa las pelotas, como cuando cagás, cuando dormís, cuando te bañás, cuando estás laburando. Sin embargo, existen humanos (eufemismo!) cuyo entendimiento de estas razones escapa a su espacio de posibles.
Mi casa es una construcción helada técnicamente diseñada para conservar el frío, es como si me hubiera mudado a una heladera, pero con muebles adentro y lista para que se vaya a vivir un pelotudo. Debido a eso es que tengo estufas por todos lados, y calefactores, y salamandras. Siempre antes de darme una ducha, cierro todo el baño sin olvidarme de la claraboya y prendo el caloventor al máximo, dejándolo unos diez minutos para que mi ducha no sea un penoso calvario.
Es entonces que en el medio de mi ducha, Josefina abre la puerta y pregunta algo que para ella no reviste ninguna importancia y que, por supuesto, hubiera podido esperar hasta después de mi baño. Lógicamente, por causa de ella, ha entrado una corriente de aire (en mi barrio conocida como chiflete), que hace que mi ducha, finalmente y a pesar de todos mis esfuerzos, sea un calvario. Penoso.
-No - le contesto -, no se queda afuera.
Parece que entiende y cierra la puerta.
Termino de bañarme y mientras me seco veo un te quiero escrito con los dedos sobre el vapor en el espejo. La insulto hacia mis adentros, resignado, y cuando salgo del baño, preparado para que el frío del pasillo anterior a mi habitación me astille toda la piel, aparece desde la cocina y pregunta, de nuevo:
-Y Portugal se quedó afuera?
Qué difícil, pienso, debe ser leer los diarios para esta chica, escuchar a los periodistas y relatores televisivos. Qué jodido abrir un portal deportivo en internet y fijarse. No, no, ella prefiere romperme las pelotas a mí, es más fácil, más simple, menos trabajoso, menos duro que tener que proveerse de información por sus propios medios.
-No, también pasó, pasaron los dos a octavos.
Entonces voy a la cocina a ver qué hay para comer, y me cuestiono a mí mismo cómo es que me meto en esta clase de encuentros torpes y lacerantes. Algún día mataré a alguien y voy a ir preso por boludo. Y cuando abro la heladera escucho un ruido inconcebible, inentendible, sorpresivo, aterrador. Vuelvo a mi habitación y veo que la marciana esta, adicta a vaya uno a saber qué clase de droga, está abriendo todas las ventanas, las de mi habitación y las del estudio. Como si de repente la trastornada estuviera en un departamento frente al mar y no en una casa-heladera.
(pará, estúpida, qué carajo estás haciendo? Te voy a clavar un Tramontina en la espalda, imbécil!)
La miro intentando decirle lo que pienso con la mirada, preguntándome si no sería más simple putearla y listo.
-Qué pasa, amor?
(Qué pasa, amor? Qué pasa, amor?! Pero qué pelotuda!)
-Nada, no me gusta que me digas así, Jo, ya te lo dije un millón de veces. Y me querés decir qué es lo que estás haciendo?
-Tiene que cambiarse el aire, así que estoy abriendo las ventanas para que corra un poco y se renueve.
-A ver, Jo, qué parte de “estamos en junio y hace un frío de la concha de la lora” no entendés??
-Ay, no me digas así, qué querés?! Hay un olor a encierro tremendo en esta casa, nene!
Con Josefina me sucede algo extraño, y es que cuando estoy con ella puedo dedicar mi cabeza a otra cosa, o que sus estupideces son disparadores de razonamientos que me llevan a otros lugares (y además, está buena, lo que suma).
Por eso mientras la miro pienso en las injusticias, en lo injusto que es el amor entre las mujeres y los hombres, o los hombres con los hombres, o entre las mujeres y las mujeres, o entre los hombres y los animales. Jose se queda parada mientras yo voy cerrando las ventanas que ella incomprensiblemente abrió, y pensando en las injustificables ventajas de la belleza. Fijemos el análisis en una situación hipotética: Un hombre hermoso llorando por complejos existenciales que aquejan su vida se aparece ante una mujer como interesante, sensible, y por ello, la seduce. Un hombre feo que llora y se debate por los mismos móviles, no. La mujer va a querer arropar al hombre atractivo, va a querer cuidarlo, intentando mejorar su ánimo. En el caso del hombre horrible, ella sólo sentirá lástima. No importa cuál de los dos sea más inteligente o divertido, no cotiza aquí si uno de los dos ayuda más a los demás o si es más honesto o trabajador. La mujer sentirá un lazo que la atrae hacia el hombre hermoso, serán los rasgos de la cara de él, los que le hablen y la estimulen, verá la sinceridad en sus ojos, la franqueza en su boca y, naturalmente, toda su sexualidad se sentirá atraída por la imagen que él emita.
Lo mismo, por supuesto, se aplica en los hombres, pero con una intensidad en todo superior: en nosotros esta necia atracción puede volverse sideral. Del mismo modo en que una mujer horrible que baile de modo sensual nos va a parecer la estampa del grotesco, la misma conducta en una mujer bella va a producirnos excitación, una excitación capaz de llevarnos a cualquier parte. Y si no, cómo es posible que yo haya pasado la noche y la mañana con esta tarada fuera de serie? De no ser por su belleza, qué otro motivo me habría llevado a aceptar su autoinvitación de venir a dormir a mi casa y ametrallarme a pelotudeces? Pienso todo aquello y me encuentro siendo un mono, conduciéndome según los exactos sometimientos de las relaciones animales.
-Jo, esto es cualquiera, por qué no te vas?
Ella, sorprendida, pretende discrepar.
-No no no no no, pará pará pará, esto no es una discusión, te estoy contando que esto es cualquiera. Si fuera vos, yo me iría.
Una vez más intenta discutir, pero le abro la puerta, le doy su abrigo y la invito a salir.
-Nos vemos, Jo. O no nos vemos. Chau.
Estoy a punto de vomitar. Ella escapa con las heridas de la infamia abiertas en su expresión, sin dignidad y con frío. Se me ocurre que tal vez pueda entristecerse, que quizás esto pueda llegar a afectarle. Pero nadie se ha muerto por eso y en todo caso si la magnitud de su sentimiento llegara a ser significativa, el proceso de supervivencia es simple. Así que Josefina llorá, hundite en un profundo pozo de bosta y llanto y decadencia y depresión, perdéte en espesas orgías con hombres toscos que sólo placer busquen en vos, tu culo, tus tetas, tus piernas, tu hermosa cara, tus manos que se llenen de ellos y sus placeres y vicios. Que tu cuerpo sea una jungla virgen deseosa de ser descubierta por los más dispares aventureros. Un día te vas a despertar, Jo, más rota, más fuerte y más sabia.
5 comentarios:
Me encantó. Mi hermana a mi lado me pregunta qué cosa, en internet, peuede causarme tal risa.
Igual.Siempre digo que un hombre llorando, a no ser que sea muy grave,lindo o feo, me causa cosita, como vergüencita agena...
Quiero leer otro!!
Sofi
escelente. muy grafico.
excelente,clarísimo,contundente.
yo también vivo en una casa heladera, pero no hay gas natural. vivo con las bolas achicharradas y cara de esquimal.
buenísimo texto,de nuevo.
pd: disiento en algo: no se va a deprimir, en el fondo estas cosas las estimulan.
"Un hombre hermoso llorando por complejos existenciales que aquejan su vida se aparece ante una mujer como interesante, sensible, y por ello, la seduce. Un hombre feo que llora y se debate por los mismos móviles, no." Una vez más, el pensador Moscardó lleva las especulaciones de la vida diaria a los umbrales del suicidio...
Un abrazo, bolo...
ME ENCANTA!
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