- El olor del jabón con el que me baño desde hace dos semanas. Seguro la mierda en algún momento de la evolución humana olió así. Debo recordarlo para no volver a comprarlo, bajo pena de introducírmelo en seco.
- La gripe. Cada vez que me ataca este cruel mal, me duelen la garganta, los oídos, el cuello, las manos, los ojos, las rodillas. Me reduce, me somete.
- La solidaridad. Yo vivo en un sistema cuyo único punto crítico soy yo. No tengo ganas de ayudar a nadie, nunca, ni de hacer nada que no involucre efecto alguno en mí.
- Odio mi puta manía con las puertas. No era suficiente tener que hacer todo dos veces, hacer todo con números pares, esquivar determinadas baldosas en la vereda. No, hace como cinco años me agarró una manía de controlar las puertas. Nada de onda, todo el mundo se me caga de risa y para peor, yo mismo sé que soy un pelotudo.
- Relacionado con lo anterior, odio mi manía de controlar si los forros que usé están en buen estado, si no se pincharon o lo que sea. Una noche, haciendo esto luego del amatorio acto, estaba apretando el forro por un lado y por el otro, lo estiraba y lo amasijaba buscando una partecita traicionera donde hubiese una pinchadura que me condenara, y STASHH! Explotó el profiláctico como una bombita de carnaval y me llenó la cara del espeso líquido blanco. Si me hubieran visto, parecía que el rey de la potencia láctica me había acabado en la cara.
- Los políticamente correctos.
- Las personas que van a pasear al shopping. Hacen que uno no pueda caminar, van al pedo porque no compran nada y le estorban el paso a uno que va cargado con bolsas de cosas sin las que no podría vivir. ¿Es necesario decir más acerca de lo detestables que son las personas que van a pasear al shopping?
- Mi alcoholismo adolescente. Hace exactamente once años ocurrió lo que diré: me chupé de tal manera que me cagué encima. No sólo me cagué encima sino que además no me di cuenta, y cuando volví a mi casa y fui al baño, vi que tenía todo el bóxer embarrado. Esa noche, además, en el boliche donde todo sucedió me senté en un inodoro rebalsado de mierda, vómito y meada de por lo menos doscientos cincuenta tipos. Cuando me senté, saltó todo el mejunje y me bañó las piernas, el culo, el pantalón y las zapatillas. Volví en una traffic con unas minas que se apiadaron de mi situación y, no soportando tener el pantalón y el bóxer lleno de aquel mejunje, viajé todo el camino de Carlos Paz a Córdoba, en bolas, en julio, a las ocho de la mañana. Hace once años que ocurrió esto. Hace once años que viene ocurriendo esto.
- Odio mi cama. Amo mi cama, pero creo que llegamos a un punto muy grande de hastío, es la misma de hace una pila de años. Tal vez no sea la cama si no la habitación. Lo que fuera, la verdad que quisiera descansar en algún otro lugar (como tu cama, por ejemplo). Supongamos que me enfermo y tengo que fumarme dos días en cama viendo películas, mataría que al menos sea con vos.
- Odio mi manera de manejar y la amo. El amor viene porque me representa, el odio porque me lleva a chocar cada dos o tres semanas.
- La caspa. Es lo menos, la caspa.
- Los que se la dan de políticamente incorrectos. Son políticamente correctos.
- Las uñas largas en los hombres. Las uñas demasiado largas en las mujeres. Me repugnan, a ustedes no?
- Las calcos feas de los autos. Como esas con los nombres espantosos de los hijos, o las que dicen “Ojo! Que conduce la NENA!!!” o “Sentate y agarrate!” y demás frases penosas de esa calaña.
- El gel. Es lo menos, el gel.
- Odio el despertador. Tengo una secreta lucha ideológica con el despertador. Los lunes esta batalla dialéctica es tan crítica, que según como salgo de ella, me defino ante la vida.
- Que el día sea tan corto y no sea suficiente para escuchar toda buena la música que hay.
- Y no dormir con vos. Odio no dormir con vos.
martes 3 de agosto de 2010
Cosas que odio · 2
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4 comentarios:
por favor no dejes de escribir, aunque sea por solidaridad para con los que nos sentimos reflejados
jaja coincido con la mayoria, especialmente con la de los calcos de los autoooss
ODIO la radio mujer, los días antes de rendir, bañarme a la noche, que mi hermana no sepa qué ponerse todos los sábados a la noche, la resaca que no valió la pena, la gente que no piensa antes de hablar,las migrañas crónicas, a mario pereyra, sacarme el pijama si estoy adentro de casa, las rotondas, y las hockey players.
Hermoso ejercicio.
Me gustó mucho!!
sofi
Odio, cuando te encontrás con alguien que no ves seguido y te pregunta ¿alguna novedad?
Odio cualquier tipo de tunning en los autos (esto incluye a las previamente odiadas calcos) alerones, espejos retrovisores plateaditos, llantas, baberos, escape silence, por favor!!! Déjenlo ser al auto. Eso si, rescato el polarizado (no se si entra en la categoría de tunning), ya que, que sería de los amantes sin él.
Cuando la gente no hace lo que dice. Y la que me miente, más todavía. Odioslo.
Odio cuando te despertás con la boca abierta a más no poder y por la comisura de los labios te cae un río de baba, el cual formó una laguna en la almohada.
Mis miedos estúpidos, no me simpatizan.
Que no me digan si tengo un moquito o un mocazo verde (porque cuando se te sale un moco, seguro es verde) asomando por mi nariz. Y cuando tenés la lechuguita, orégano, rúcula, perejil, tampoco te avisan. Soretes.
Odio esperar tu llamado.
Bastante terapéutico el sacar a relucir los odios
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