Coincidencia
A las nueve en punto sonó el despertador como un alarido histérico, cargado de realidad, y Francisco despertó enredado entre los brazos y las piernas de Celina.
No entiende bien qué es lo que le atrae de ella, pero sabe que un año y medio de relación es suficiente para aburrirlo. Se permite cinco minutos de fiaca mientras se va desenredando y camina al baño a lavarse la cara y los dientes, a mear y peinarse un poco. El piso está demasiado frío y piensa para sí que esta hija de puta podría tener aunque sea una estufa.
Se escucha a sí mismo murmurar
-A estos hippies de mierda les encanta vivir como el culo…
Nadie lo escucha. Se caga de frío y, ya vestido, se hace un café mirando a Celina, cuyo sueño se termina en medio de los ruidos que él hace con la tasa contra la mesa. Prende la radio, un tipo se acaba de ganar un par de entradas para el cine. Francisco la observa y siente aversión, piensa para sí que la flaca está muy para atrás, que se la cogió para cambiar el sabor nada más. Así las cosas, la mira y la primera sensación del día es, además del frío, una poderosa repugnancia. Una repugnancia que le va ganando el olfato y el gusto, la saliva, su piel, todo va haciéndose espeso y viscoso. Se termina el café e intenta salir apurado, a las diez entra a clases y en la facultad lo espera un día vital: el viernes fue elegido presidente del centro de estudiantes y todos lo esperan para felicitarlo. Tiene ansias por llegar a clases y recibir los aplausos y los abrazos de quienes lo apoyan, pero Celina se levanta decidida a provocar un faltazo.
A las once y media los vidrios empañados de la ventana del monoambiente delatan la cogida que se están pegando. Los abrazos pueden esperar, la adulación puede esperar, el sabor de la victoria puede esperar. El culo de Celina no, Francisco lo sabe y por eso lo recorre y lo liquida.
El reloj le marca las doce y diez y él apura el paso para no llegar tan tarde a otra de las clases de ese lunes. Imagina el recibimiento de sus compañeros, de sus amigos, y sonríe para sí justo en el preciso momento en que pasa por la puerta de una casona antigua donde todavía se desarrolla una reunión que comenzó a las nueve y media y cuya duración no debía tomar más de veinticinco o treinta minutos.
Pero todavía no termina. En esa casona, Tomás y Albertina aún conversan sobre lo difícil que se ha puesto conseguir financiación internacional desde que la crisis en Estados Unidos salpicó a todo el mundo y la cooperación para el desarrollo se fue a la mismísima mierda. La conversación no aporta muchos datos que desconozcan, pero cada uno de ellos continúa porque le conviene. Ella tiene que seguirle el impulso a él para ser contratada. Él tiene un solo impulso, y ese impulso lo mantiene conversando con ella.
A las cuatro de la tarde Francisco recibe un mensaje de texto que lo excita.
¿Vas a venir a terminar el laburito de esta mañana?
Qué mierda más quiere la flaca esta, se pregunta y su orgullo de haberla satisfecho hace su día completamente placentero. Está tomando cerveza con sus amigos en el bar de la facultad, festejando la gloria de haber ganado una elección, recibiendo los abrazos y las congratulaciones de los que pasan a su alrededor, incluso del pibe que vende La Luciérnaga en la facultad, que se acerca y se le echa encima compartiendo su alegría. Se siente un rockstar! Que venga a sentarse el que quiera, el sexo y el culo de Celina pueden esperar, la gloria de la victoria no se vive todos los días. Le responde entonces que más tarde, que ahora está ocupado.
A pocas cuadras de esa gloria, Albertina y Tomás siguen conversando en un laberinto donde él comienza a recordar que siempre hay una trampa. Y una sospecha nace entre los dos y se expande hasta apoderarse de todo el aire de la oficina.
-Dónde vivías vos?
-Vivo con mis viejos, un poco lejos de acá, pero casi siempre me quedo en lo de mi novio, que vive acá en Nueva Córdoba.
-Ah, mirá vos ¿hace mucho que están, qué hace él?
-Estamos juntos hace poco más de un año y medio. Estudia arquitectura, es el presidente del centro de estudiantes. Lo eligieron el viernes.
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