martes, 14 de diciembre de 2010

La Ciudad de las Monjas · 10




Como un niño que se justifica luego de una pelea, diciendo que su adversario fue quien empezó, así me encontré una noche diciéndole a Juliana que nada podía esperar de mí. Ella escuchó mis razones con dignidad, con el decoro que aún se mataba por conservar, de frente y mirándome a los ojos. Todavía en pie.

Si me vieras, Belén, dándole las mismas razones a cada una de las mujeres en las que intento siempre en vano encontrarte. Tanto tiempo después, inevitablemente esas fueron las mismas razones que te di a vos aquella noche sobre el parquet mojado de esa habitación de alquiler. Si vos pudieses ver, Belén, lo que causaste. Y no es que intente ahora también justificar tanto daño, no es que intente salir sobreseído en el juicio que cada una de ellas me quiere realizar. No me justifico, es sólo que tal vez quisiera que me veas aún hoy cuando sé que no me importa si me ves o no, si estás bien o si te duele una pena oscura, si sos o dejaste de ser aquella cuyos ojos me sometían a voluntad. A veces pienso, Belén, lo importante que es un hogar, y te insulto, primero en voz baja, con aparente vergüenza. Después, cuando ya me tomé al menos una botella de vino, junto coraje y te puteo a los gritos, con voz de hombre, con voz de trueno, honda, profunda, con una voz que lleva consigo, en su evanescencia, todo el negro silencio de muerte que me regalaste a la fuerza durante aquella época.

Lo importante que es un hogar, Belén, te das cuenta?

Te suena? (Hija de mil puta)

Me enamoré mil veces desde aquella aniquilación, querida, y mil veces el órgano ese que nos provee de eso que es cursi se me quedó sin batería, como un celular al que se le quemó la batería. La cargo, Belén, toda la noche hasta que se llena, lo corroboro. Pero se agota enseguida.

Y salgo a buscarte entonces, una vez más como un boludo.

Me enredé con todas las jovencitas que ahora mezclo y combino bajo el nombre de Juliana. Me enamoré repentinamente de Albertina, y un año atrás de Abril, y hace unos días de Lucía, y anteayer de otra a la que no vamos a dar entidad acá, y siempre me quedo sin batería.

Mi editora me dice, y con razón, que los personajes están haciendo una ensalada indescifrable. Y las señoritas que me leían me han abandonado. Yo querría decirles, Belén, que hablen con vos, como cuando me portaba mal en la escuela, que llamaban a mi mamá y ella acudía avergonzada. Quisiera yo que vos vengas a explicarles, pero vos no entendés nada, vos estás en otra, con tu hijo que llora desde su habitación, con tu marido que juega al fútbol los sábados a la tarde mientras vos y yo cogemos como dos aburridos monótonos monos tristes y grises bajo la ducha. Vos no podrías decirles nada, Belén, porque todavía creés que te amo, y yo no te puedo amar, imbécil, a ver si te queda claro.

Te cuento que en este preciso momento Flor está sentada a unos metros de mi humanidad que te escribe esta bruta carta. Flor es más linda, mucho más linda que vos, coge diez mil veces mejor que vos, y ahora me mira con una ternura que tus ojos no son capaces de irradiar, y me pregunta sobre qué carajo estoy escribiendo. Yo le digo que un cuento, que un cuento que voy a mandar a la otra revista donde también me aceptan las barbaridades que se me ocurren, le digo que estoy escribiendo sobre un viejo que va en una bicicleta tirando de un carro lleno de alambres y basura. Esa respuesta la satisface y vuelve a la lectura. No le quiero mentir, Belén, pero a vos qué te parece? No hace falta que le diga esta verdad, tenés razón cuando me decís que a veces es mejor callarse.

Anoche dormí con ella, sabés? Y no soñé con vos. Soné con todas las jovencitas que son Juliana, soñé que cogía con cada una de ellas, y en otro momento del sueño estaban todas juntas en una cama inmensa y desvencijada donde corríamos una interminable carrera desesperada. Podría mentirte y decirte que vos estabas ahí, fuera de la cama, mirando desde afuera, histérica, impotente, comprobando que me perdiste. Pero ni eso, ni ahí estabas. El sueño hizo que me despertara con una excitación impostergable y tuvimos que desayunar como a las tres de la tarde, sabés? A las tres, cuando ya no podíamos seguir si no ingeríamos algo que nos permitiese continuar. Ahora estamos tirados en los sillones del living, esos donde a vos te gustaba tirarte a decirme tus desvaríos más delirantes. Yo le presté un libro así se entretiene mientras yo te digo esta verdad, y parecemos cada uno el hogar del otro, pero ni a palos, porque yo soy un triste nómada primitivo y sin paz, un pajero, un animal.

Te preguntaría cómo estás pero no me interesa. Por mi parte, esta noche me voy a internar en un telo de los de la Trejo con alguna de mis compañeras, con cualquiera que se banque que yo mire el porno mientras conversamos en la cama, o que mire Sportcenter después de coger. Espero que no te moleste, pero le voy a contar que vos no te bancabas mirar Venus ni ESPN en los telos, que vos no me dejabas prender la tele, pero que una vez te colgaste mirando un documental sobre la dictadura mientras yo tenía unas ganas de ponerla que no podía respirar.

Culpa tuya mi editora me va a cagar a puteadas, Belén. Y ya te lo dije, la flaca tiene razón, estoy escribiendo como el culo. Y qué le vamos a hacer? Si en vez de leer cuentos o novelas, lo único que hago en mis horarios libres del laburo es perder aceite y ponerla con la que se prenda. Algunas de ellas dicen cualquiera, que todo tipo de relación está cagada de antemano por tu culpa. Yo me río y les digo que nada que ver, que se vayan a la mierda, que vos ya fuiste, y realmente me parece que es así, pero por ahí se me ocurre que algo tenés que ver. Y me entran unas ganas bárbaras de denunciarte.

Un hogar es importante, Belén, un hogar que absorba toda esta condenada presión sobre los hombros.

1 comentarios:

Ceci dijo...

Alucinante, aunque cueste seguirlo (¿ensalada indescifrable? :)
Beso Leandro!